"El Alergólogo" me ataca, Ribeyro me saca del letargo
"El Alergólogo", digno paladín que me secunda en este intento de blog, acusóme de que no escribo por desidia, vagancia, ineptitud y tantas otras taras alojadas en mis circunvoluciones cerebrales. De paso, he de confesarlo, él es mi terapista, y como tal sugiere para evitar que destroce las plumas y lápices con mis dientes, me ponga a escribir (porque es más barato eso a estar comprando plumas a cada rato).
Como sea, hoy lunes empiezo la semana con tan pocas ganas de crear, que decidiré plagiar. Como una forma de compadecerme a mí mismo mi frustración creativa, mejor que uno de los maestros de la narrativa al menos haga su trabajito. Al menos por este post.
Decálogo personal para escribir un cuento
Julio Ramón Ribeyro
-El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector a su vez pueda contarlo.
-La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada y si es inventada real.
-El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.
La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto mejor. Si no logra ninguno de estos efectos no existe como cuento.
-El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.
-El cuento debe sólo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.
-El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, informe, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.
-El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.
-En el cuento no debe haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.
-El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.
Como sea, hoy lunes empiezo la semana con tan pocas ganas de crear, que decidiré plagiar. Como una forma de compadecerme a mí mismo mi frustración creativa, mejor que uno de los maestros de la narrativa al menos haga su trabajito. Al menos por este post.
Decálogo personal para escribir un cuento
Julio Ramón Ribeyro
-El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector a su vez pueda contarlo.
-La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada y si es inventada real.
-El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.
La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto mejor. Si no logra ninguno de estos efectos no existe como cuento.
-El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.
-El cuento debe sólo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.
-El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, informe, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.
-El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.
-En el cuento no debe haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.
-El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.




